El precio por kilo: el número que casi nadie mira

Mano comparando dos envases de distinto tamaño del mismo producto

En la etiqueta de casi todos los productos del supermercado hay dos números. Uno es grande y es el que todos miramos. El otro está en letra chica, y es el único que permite comparar dos productos de verdad.

¿Qué es el precio por unidad de medida?

Es cuánto cuesta el producto llevado a una medida estándar: por kilo, por litro, por cada 100 gramos o por unidad. Aparece en la etiqueta del estante, generalmente abajo o al costado, en letra más chica que el precio.

Sirve para una sola cosa, pero es la más importante: comparar dos envases de distinto tamaño sin tener que hacer la cuenta.

Sin ese número, comparar un envase de 800 gramos a $2.590 con uno de 1,2 kilos a $3.490 exige una división mental frente a la góndola. Con ese número, la comparación es directa.

¿El formato grande siempre es más barato?

No, y ahí está la parte contraintuitiva. La creencia general es que el envase familiar siempre conviene, y muchas veces no es así.

Hay varias razones por las que el formato grande puede salir más caro por kilo:

  • Porque el formato chico está en promoción. Una oferta puntual sobre el envase pequeño puede dejarlo por debajo del grande, que rara vez se promociona.
  • Porque el formato grande es el "formato de conveniencia" de esa categoría. En algunos productos, el envase familiar es el que la gente compra sin pensar, y por eso no necesita ser el más barato.
  • Porque no siempre hay una escala real. Envasar el doble no siempre cuesta la mitad por unidad.

La única forma de saberlo en cada caso es mirar el número chico. Es una comparación de dos segundos que a veces sorprende.

Cuándo el formato grande sí conviene (y cuándo no)

Aunque salga más barato por kilo, el envase grande no siempre es la mejor decisión. Hay que cruzarlo con una segunda pregunta: ¿te lo vas a comer todo?

  • Conviene en productos que duran: arroz, fideos, legumbres, detergente, papel. Ahí el ahorro por kilo se materializa completo.
  • Conviene menos en frescos y perecibles si el hogar es chico. Un formato grande que se echa a perder a la mitad terminó costando el doble por kilo de lo que decía la etiqueta.
  • Ojo con los que se consumen más rápido por estar disponibles. Es un efecto real: el envase grande de snacks a veces no dura proporcionalmente más, dura casi lo mismo.

El precio por kilo dice cuál es más barato de comprar. No dice cuál es más barato de consumir.

Tres reglas prácticas frente a la góndola

  • Compara siempre la misma unidad. Algunas etiquetas muestran por kilo y otras por 100 gramos dentro de la misma categoría. Si los números se ven raros, revisa la unidad antes de concluir.
  • Desconfía del "más grande, más barato" automático. Es cierto la mayoría de las veces, y por eso las excepciones pasan desapercibidas.
  • Aplícalo sobre todo en lo que compras siempre. Optimizar el precio por kilo de un producto que llevas una vez al año no mueve la aguja; hacerlo en los diez productos que están en todas tus boletas, sí.

Ese último punto es el que más rinde: la mayor parte de tu gasto está concentrada en un grupo relativamente chico de productos que repites. Ahí es donde el número chico de la etiqueta paga.

Cómo saber cuáles son tus productos repetidos

La dificultad práctica es que casi nadie sabe de memoria cuáles son sus diez productos más frecuentes. Se compran en automático justamente porque no se piensan.

Escaneando tus boletas durante algunas semanas, esa lista aparece sola: los productos que se repiten compra tras compra. Esos son los que vale la pena revisar por kilo la próxima vez.

Fuentes

Otras fuentes: en Chile, la obligación de informar el precio por unidad de medida en la góndola está establecida en la normativa de protección al consumidor fiscalizada por el SERNAC. Este artículo es una guía práctica y no contiene cifras calculadas a partir de datos de Kobai; los precios mencionados son ejemplos ilustrativos.

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